EL Diamante del Capitolio

Por María Argelia Vizcaíno

«El robo había necesitado tiempo, herramientas especiales... y complicidad»
DR. HERMINIO PORTELL VILA (Nueva Historia de la República de Cuba)

Una de las edificaciones más importantes de La Habana, y de Cuba lo fue sin lugar a dudas el Capitolio Nacional, construido por el gobierno del general Gerardo Machado, --quien se convertiría en el primer dictador de Cuba-- que hizo una impresionante réplica del Capitolio de Washington donde radicaba la sede del Parlamento en tiempos de la República libre, llamado también «Palacio de las Leyes», pasando a ser en 1962 (por orden del gobierno tiránico de Castro) parte de la Academia de Ciencias de Cuba.

Su cúpula es la sexta más grande del mundo por su diámetro y altura, y el edificio en general es de gran belleza y magnitud. En su interior está el «Salón de los Pasos Perdidos», llamado así por la resonancia de las pisadas y famoso por contener extraordinarias pinturas y esculturas como «La República», estatua en bronce del italiano Zanetti de 60 toneladas de peso, que simboliza a la República de Cuba, y se consideraba la segunda mayor del mundo que está bajo techo, después del Buda de Tokio. Queda al centro de la enorme edificación, y precisamente al frente de esta relevante escultura, debajo de la aguja de la cúpula, está una especie de sagrario de mármol, con oro y bronce, empotrado en el piso y cubierto por un cristal de gran solidez, que guarda una piedra preciosa de gran tamaño engastada en bronce, que es la que marca el kilómetro cero de todas las distancias de la isla, nombrado el «Diamante del Capitolio», siguiendo la tradición de los antiguos romanos que median la longitud de un hito, situado en el Capitolio; igualmente en Francia desde el Arco de Triunfo, y los norteamericanos desde la aguja del Capitolio de su capital.

Este renombrado brillante de 24 quilates perteneció a la segunda corona de Nicolás II, el último Zar de Rusia que fue derrocado y asesinado por los bolcheviques. En 1925, lo llevó a Cuba un joyero libanés o turco nombrado Isaac Estéfano, que quería venderlo a la esposa del ex presidente Alfredo Zayas, por la suma de 17 mil pesos. Pero ésta se negó y como no encontró otro comprador lo guardó para una mejor ocasión, mientras tanto siguió negociando con joyas de la aristocracia rusa, y las cosas no le salieron bien y tuvo que empeñarlo una vez, a un prestamista de la ciudad por $4 mil. Estéfano consideraba la joya de mala suerte pues además de la tragedia del Zar, la duquesa a la que se lo compró en París murió a sólo diez días después de venderla sin que nadie se lo esperara, y hasta el ruso que le sirvió de intermediario lo hirieron en un «cabaret» parisino y quedó ciego, y como a él que era gran negociante las cosas le fueron mal, decidió rebajarla vendiéndola por $12 mil al Estado Cubano, que la ubicó desde 1929 en este esplendoroso lugar, para que además de servir de punto divisorio entre la Cámara y el Senado, los cuerpos colegisladores, marcaría el punto inicial, el kilómetro cero.

Lo más sorprendente de la historia de esta joya fue su desaparición de este resguardado lugar, el 25 de marzo de 1946, donde sólo se encontraron unos fósforos usados, el forro de un sombrero manchado de sangre, y una misteriosa nota escrita con lápiz en el piso que decía: «2:45 a 3:15-24 quilates», probablemente lo que demoraron en robarlo. Nos contó el amigo escritor Rolando González Más, quien trabajó largo tiempo en el Congreso de Cuba, que en el «Salón de los Pasos Perdidos» habían 4 accesos, una «gigantesca puerta de bronce al Senado y otra a la Cámara de Representantes; puerta secreta pequeña al fondo de la Estatua de la República que comunica con el despacho del vicepresidente y la última bajo la escalinata, tomando un pequeño elevador (...) Resultaba pues un alto riesgo realizar en horas de la madrugada tal tarea en 30 minutos sin que se percataran tres policías en ronda.»

El presidente Ramón Grau-San Martín aparentó no tomarlo en serio considerándolo una broma, aunque desacreditara su gobierno. Pero cuando menos se lo esperaban, un 4 de junio de 1947, apareció el brillante envuelto en un papel en el escritorio del presidente y él mismo declaró que lo había recibido en forma anónima. Cuando los más suspicaces dudaron si era el original, Grau contestó: «Bueno señores, miren a ver si ése es el brillante del Congreso, porque si no es, hay que devolvérmelo, ya que ha sido a mí a quien se lo enviaron». Lo que hizo callar a todos los preguntones, sin dejar de pensar con astucia que la principal sospechosa era la Sra. Paulina Alsina, viuda de Grau y cuñada del presidente, por su aprecio por las piedraspreciosas y las conexiones directas con la policía del Congreso que por eso no encontró sospechosos, sin contar los grandes aliados en la prensa de entonces, que aunque acostumbraban colaborar con la justicia guardaron silencio, quedando el robo del Diamante en el más absoluto misterio, por eso nunca se supo quien o quienes fueron los autores del hecho, aunque se especuló de sobra con nombres muy allegados al Ejecutivo y al gobierno, pero tampoco nunca fue públicamente aclarado.

Lo más probable fue, que le diera mala suerte también al ladrón, por eso decidió devolverlo. Quizás tuvo que ver con el decaimiento del Machadato, pues hasta que se compró por el gobierno las cosas iban muy bien y la mayoría del pueblo estaba contento con el presidente elegido. ¡Quizás este fatídico diamante haya sido el principal causante de la desdicha que ha acompañado a nuestra patria por tantas décadas!.

CUESTIONARIO PARA NO PERDER LA CUBANIA Y PARA LOS QUE QUIERAN CONOCER NUESTRAS COSTUMBRES

1.- ¿Qué otro robo increíble se llevó a cabo en la ciudad de La Habana que tampoco tuvo explicación? 

El robo de uno de los enormes leones de bronce que pesaban más de media tonelada y adornaban el Paseo del Prado.


2.- ¿Qué frase hizo célebre a Grau-San Martín? 

«Las mujeres mandan.»-

Retornar a (al)

[ Estampas de Cuba ]     [ Principio ]